Emaly’s Way:
La ciencia aplicada a cómo entendemos, comunicamos y construimos marcas.
+Info 13 de Octubre, 2026
Hoy reflexionamos lo siguiente:
Conoce moléculas, estudios, endpoints, guías, regulación, acceso, competencia, categorías terapéuticas y mercados extraordinariamente complejos.
Vive en la consulta de un médico.
En las decisiones de un equipo de marca.
En una sala de espera.
En la incertidumbre de un paciente.
En Google.
En una farmacia.
En la conversación con un cuidador.
En un congreso.
En una conversación de WhatsApp.
En aquello que las personas recuerdan, aquello que olvidan y aquello que deciden hacer después.
Y ahí las reglas empiezan a cambiar.
Porque para entender todo eso no basta con saber de pharma.
Ésa es la primera idea detrás de Emaly’s Way:
Y el marketing necesita mirar más allá del marketing.
No porque lo que sabemos haya dejado de servir.
Sino porque ya no es suficiente.
Éste es quizá uno de los problemas más silenciosos de nuestra industria.
Podemos desarrollar una identidad impecable, un key visual espectacular, motion graphics, un ecosistema de contenidos perfectamente consistente y una presentación que provoque exactamente la reacción que todos esperamos en la sala:
¿Y qué está diciendo?
¿Qué problema está resolviendo?
¿Qué asociación queremos construir?
¿Por qué ese concepto debería importarle a alguien?
¿Qué queremos que permanezca cuando el material deje de estar frente a sus ojos?
Marketing Science lleva décadas estudiando algo relacionado: las marcas crecen, entre otras cosas, cuando construyen estructuras de memoria y disponibilidad mental que permiten ser recuperadas en situaciones relevantes.
No debería existir únicamente para llamar la atención. Debería ayudar a codificar una idea, reconocerla, relacionarla con una marca y recuperarla después.
Por eso en Emaly no pensamos primero en sistemas visuales. Pensamos en sistemas conceptuales capaces de convertirse en sistemas visuales.
La diferencia parece pequeña.
Pero, no lo es.
Es una manera de obligarnos a hacer cinco cosas antes de enamorarnos de la ejecución.
Porque nadie toma decisiones dentro de nuestro PowerPoint.
Una de las grandes tentaciones del marketing es reducir la realidad hasta conseguir que quepa
perfectamente dentro de un modelo.
Awareness - Consideration- Conversion - Cinco etapas - Tres audiencias - Cuatro canales.
La realidad suele ser bastante menos educada.
Por eso antes de definir qué vamos a decir necesitamos entender en qué sistema va a existir lo que digamos.
Los targets son muy ordenados. Las personas no.
“Cardiólogos de 35 a 55 años.”
“Pacientes diagnosticados.”
“Especialistas de alto potencial.”
Son descripciones útiles y extraordinariamente insuficientes.
Una persona no toma decisiones porque pertenece a un segmento.
Las toma dentro de una mezcla de conocimiento, experiencia, presión, hábitos, emociones, tiempo disponible, percepción de riesgo y contexto.
Eso aplica al paciente, aplica al médico y también aplica a las personas que trabajan dentro de pharma.
Una marca puede tener una estrategia perfectamente racional y aun así enfrentarse a inercias internas, estructuras organizacionales, prioridades comerciales y formas históricas de hacer las cosas.
Por eso nuestro trabajo no consiste únicamente en conocer una audiencia.
Consiste en leerla.
Incluso en entornos altamente especializados, el modo en que se organiza la información importa.
Estudios sobre visualización de datos clínicos han encontrado que destacar patrones clínicamente relevantes puede reducir la carga cognitiva que experimentan médicos al procesar información compleja.
La lección no es que “los médicos necesitan cosas sencillas”.
Sería una conclusión bastante torpe.
La lección es otra:
Y eso vale para todas nuestras audiencias.
El marketing no debería pedirles que entiendan cómo pensamos nosotros.
Nosotros nos encargamos del esfuerzo de entender cómo piensan ellas.
Tener muchos elementos no significa tener un sistema.
Una campaña puede tener ciencia, branding, contenido, media, CRM, tecnología, representantes, PR, experiencias.
Y aun así no tener una idea. Articular significa encontrar aquello que conecta las partes.
Para nosotros, una idea funciona cuando puede conectar:
lo que la ciencia demuestra,
lo que una persona necesita,
lo que la marca puede legítimamente representar
y lo que la comunicación puede hacer memorable.
Ahí aparece el concepto.
Después viene el diseño.
No al revés.
“Nos gustó mucho” sigue sin ser una unidad de medida.
Tampoco “funcionó muy bien”.
¿Funcionó para qué?
Ésa es una pregunta bastante más útil.
Cuando proponemos campañas como experimentos: partir de una hipótesis, acordar qué datos pueden confirmarla o refutarla y utilizar la ejecución para poner esa hipótesis frente a la realidad.
También reconoce algo esencial: el mundo real introduce muchas variables que dificultan establecer relaciones causales perfectas.
Eso se parece bastante más al mundo de pharma que una promesa de atribución perfecta.
Una campaña no ocurre en aislamiento.
Consiste en ser más rigurosos acerca de qué creemos, qué observamos y qué podemos realmente concluir.
Por eso queremos empezar con hipótesis.
No con entregables.
La campaña termina. El conocimiento no debería hacerlo.
Ésta es probablemente nuestra mayor obsesión.
La industria farmacéutica comprende perfectamente el valor del conocimiento acumulativo.
Un estudio no borra al anterior.
Lo cuestiona, lo complementa, lo reproduce o abre una nueva pregunta.
Curiosamente, el marketing no siempre trabaja así.
Si nos apegamos al método, este se contrapone con esta tendencia a abandonar conocimiento acumulado cada vez que aparece una nueva herramienta o moda. Su argumento central es especialmente pertinente: La teoría no compite con la práctica; proporciona una lente que evita tener que redescubrir lo mismo constantemente.
Una campaña debería dejarnos con mejores preguntas que al comienzo. Un año de trabajo debería permitirnos reconocer patrones que no veíamos antes. Una marca debería saber progresivamente más sobre sus audiencias, sus activos, sus mensajes y su mercado.
Y una agencia debería aportar algo más que capacidad de ejecución.
Debería ayudar a construir memoria institucional.
Porque existe una diferencia enorme entre decir:
“hicimos una campaña exitosa” y decir:
“ahora entendemos algo que podemos utilizar para hacer mejor la siguiente”.
Si sólo buscamos respuestas dentro de nuestra categoría, terminaremos reproduciendo las mismas respuestas.
Healthcare puede aprender de behavioral science cómo las personas toman decisiones.
Del diseño de información, cómo organizar complejidad.
Del branding, cómo construir memoria.
De la tecnología, cómo crear experiencias.
De la antropología, cómo interpretar comportamientos.
De Marketing Science, cómo buscar patrones.
Y de la propia ciencia, algo todavía más importante: cómo admitir que una hipótesis puede estar equivocada sin considerar que eso fue tiempo perdido.
Contexto. Lectura. Articulación. Validación. Evolución.
Para recordar algo mucho más importante:
antes de diseñar una respuesta, hay que entender el sistema que produjo la pregunta.
Los diseños bonitos importan.
Las buenas campañas importan.
Los datos importan.
La ciencia importa.
Pero por separado sólo son ingredientes.
Nuestro trabajo es encontrar la relación entre ellos. Porque quizá el futuro del marketing farmacéutico no esté en hacer más marketing farmacéutico.
Quizá esté en entender mejor todo lo que ocurre fuera de él.
Pharma más allá de pharma.
Marketing más allá de marketing.